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Manzanas en la ría

Jose Luis Barahona Jose Luis Barahona

Autor:

José Luis Barahona

Edad:

84 años

Localidad:

Bilbao

Para José Luís Barahona hubo un tiempo de crisis muy duro durante una etapa de su vida que probablemente sería una experiencia que le marcaría para siempre. Estalló la guerra y su padre se presentó “con una escopeta” al frente intentando defender el pueblo de Orduña. Su madre se vio obligada a marcharse con sus hijos a Amurrio para evitar “el jaleo” y  para asegurarse de que su familia estuviera a salvo, y permanecieron allí hasta que todo aquello parecía haberse calmado.

Volvieron a Orduña pero vieron que aquello volvía a desbarajustarse, así que esta vez se marcharon a Santander cuando José Luís tenía 8 años y medio, para alejarse del conflicto. Durante su estancia, la capital fue bombardeada y José Luís fue herido levemente cuando una de las bombas que estalló le dio en el talón.

Debido a la guerra y a aquel incidente del bombardeo, sus padres enviaron a José Luís y a sus cinco hermanos a Francia instalándolos en un campo de refugiados. “Nos dejaron allí abandonados”, añade.

Terminó la guerra y con ésta la estancia de José Luís en Francia. Él y sus hermanos regresaron con su madre y se quedaron, definitivamente a vivir en Bilbao. Vivían en un pequeño piso con tres familias en su misma casa. Pero una de sus vecinas no tardó mucho en denunciar a la madre de José Luís por ser comunista y ésta fue enviada a la cárcel. Al mismo tiempo, su padre fue detenido durante la guerra, así que los seis hermanos no tuvieron otra opción que quedarse solos.

Cuando esto ocurrió José Luís tenía 12 años y él y sus hermanos tenían como obligación ir al colegio. Pero para ellos les era imposible presentarse teniendo en mente su horrible y dura situación, “me han quitado lo que más quería en esta vida, me han quitado a mis padres”, nos cuenta. Ninguno de sus hermanos tenían edad suficiente como para comenzar a trabajar, por lo que no tenían dinero y esto implicaba no tener comida.

José Luís hacía “piras” a menudo para ir a robar comida y así poder sobrevivir hasta que sus padres regresaran. “Todo era a base de robar”. Salía a robar peras a los vecinos, naranjas a los mercados e incluso les cogían “los higos malos y con gusanos” a los animales, la alfalfa a los cerdos y las “galletas rancias” a los caballos. “Todo aquello que fuera comestible, a comer”.

Llegaron a tal extrema situación que más de una vez se vieron obligados a “cazar gatos” para poder alimentarse los seis hermanos, “los comíamos por necesidad”, añade. Siempre encontraban forma de volver a casa con algo que llevarse a la boca, “siempre hay cosa para comer”, nos dice.

José Luís nos cuenta una anécdota de cómo sus hermanos y él iban a coger manzanas a la ría. Cuando había riadas bajaba cantidad de agua que arrastraba porquería y residuos entre los que se encontraban “las famosas manzanas” que recogían para comer y trozos de metal que solían vender en la chatarrería y con ese dinero compraban arroz al estraperlo. El agua también arrastraba cenizas de una industria situada al lado de la ría que José Luís y sus hermanos cogían para guisar. El carbón sobrante lo vendían para así poder conseguir un poco de dinero. Iban al monte para cortar ramas de pino y con esa leña y el carbón recogido en la ría cocinaban.

Afortunadamente contaban con la ayuda de un comedor social que les proporcionaba una comida diaria que constaba de un plato de arroz, patatas, sebo y agua. Estuvieron en esta situación más de dos años hasta que empezaron a trabajar. José Luís empezó a trabajar en el año 42, con 14 años en una tienda de instrumentos musicales y con el tiempo llegó a ser afinador de pianos, oficio al que se dedicaría toda su vida, hasta el día de su jubilación. Empezó como aprendiz ganando 4 pesetas diarias.

Su hermano mayor también estaba en el mismo sitio haciendo recados, que era la misma tienda en la que trabajaba su madre antes de haber sido encarcelada. Éste ganaba 3 pesetas al día, que sumado a lo que cobraba José Luís les sirvieron como comienzo para empezar a ganar un dinerillo.

Cuando empezaron a trabajar, sus padres seguían en la cárcel, pero no pasó mucho tiempo hasta que su madre fue liberada. Después de 6 largos años en la cárcel retomo su antiguo trabajo en el que conseguía 2 pesetas diarias. Pero el dinero conseguido no era suficiente para mantener a aquella familia, por lo que la madre de José Luís tuvo que compaginar con otra tarea en la que se dedicaba a coser calzoncillos. Así que cuando ésta acababa su trabajo en la tienda, iba a casa y se pasaba larga parte de la noche cosiendo, ayudada por toda la familia. De este modo, ganaba 40 reales adicionales que junto al dinero conseguido por sus hijos “era el jornal que entraba en casa”.

Apartir del momento en el que la madre regresó con sus hijos a casa se empezó a normalizar la situación. Posteriormente su padre salió de la cárcel en el año 52 después de haber estado 9 años y medio en ésta. Una vez de que todos volvieran a unirse de nuevo, la familia empezó a florecer y poco a poco se fue abriendo camino entre las desgracias de la vida consiguiendo salir, una vez más, de aquella situación.

La enseñanza fundamental que a José Luís le aportó la crisis vivida es que la familia hay que cuidarla por encima de todo y es lo más importante y valioso que cualquier hombre puede poseer. José Luís recomienda a los jóvenes de hoy en día que están viviendo esta crisis, que trabajen muy duro y que nunca tiren la toalla.

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