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Con la fuerza de Tantin

Maria Luisa Amo y Tantin Maria Luisa Amo y Tantin

Autor:

María Luisa Amo

Edad:

75 años

Localidad:

Barakaldo

Me han ocurrido muchas cosas graves en la vida aunque también algunas alegres y acertadas como fue la elección de mi marido. No solo yo, sino todo el que lo conocía decía que era extraordinario, una joya para todo. Pero no voy a hablar de esto sino de mi labor de voluntariado y de una de las personas que mas me han impresionado en mi vida y cuyo ejemplo puede ayudar a superar muchas situaciones difíciles.

Al voluntariado me pude dedicar gracias a que mi esposo colaboraba y en cierto modo participaba en las actividades de la iglesia. Ambos dimos catequesis infantil. Él fue el único hombre que asistió con todas las mujeres a la escuela de catequistas, notábamos que lo hacía incluso con mas interés que el resto, nos compraba el material, el proyector…, preparaba muy bien los temas y a los niños les impactaba. También fuimos ambos monitores y lectores en las eucaristías, esto yo aún lo continúo.

Pero mi mayor experiencia en el voluntariado ha sido y es dentro de Nagusilan, el acompañamiento de mayores, he vivido y compartido mucho con ellos. Una de las experiencias que mas me impactó fue en Alicante. Allí viví algunos meses y como no podía estar tanto tiempo sin participar en lo que hago aquí, me sentía inútil, se lo dije a una amiga que realizaba esta labor en Cáritas y me uní a ella. Me llevo a casa de una amiga de 90 años Rosa Miramón, “Tantín”. Tantin, ¡que gran mujer!.

Inmediatamente conectamos, nos hicimos grandes amigas, ella disfrutaba de mi compañía pero yo mucho mas con la de ella, además era muy amena y tenía cara de ángel. Fue pena que entonces no se me ocurriera escribir su biografía con lo que me iba contando y recordando, cosa que hice años después. Voy a tratar ahora de resumir lo que he escrito en su biografía.

Nace en Casablanca (Marruecos) de padres muy trabajadores y honestos emigrantes valencianos a quienes un acaudalado francés había contratado para plantar frutales. Hasta ese momento a Rosa la llaman así pero a partir de aquí le llaman Tantín (apelativo cariñoso francés que en español es tita) y de esta forma la llamaron toda la vida.

En Casablanca la familia vivió bien y llevaron a vivir con ellos a los abuelos maternos que se sintieron muy a gusto pero la abuelo murió pronto y el abuelo llegó a los 95. Tantín, que era la mas pequeña de las hermanas fue testigo de muchos acontecimientos, las revueltas, que hubo varias, de los marroquíes contra los europeos que veían mal que fueran tantos a instalarse allí. Su padre también corrió peligro y los marroquíes que le querían le pidieron que se vistiera como ellos, le pusieron en un carro con ellos y cuando le preguntaban en los controles los que le apreciaban decían que era mudo, y así le salvaron y le llevaron a la ciudad donde estaba el cónsul.

El padre sigue manteniendo bien a la familia pero un día le pilla una tormenta, coge una pulmonía y muere. Tiene Tantín 11 años cuando por un accidente le tienen que cortar una pierna, esto supuso un trauma tremendo para ella, pero no se desespera, ¡quiere vivir!, a sobreponerse le ayudo su familia, principalmente el mayor de sus hermanos que le dijo, no te preocupes, que vas a ser capaz de ganarte la vida. Le pusieron una academia, aunque previamente le pagaron las clases y las prácticas para sacarse el título de corte y confección para lo cual era muy buena, y con esfuerzo y tesón salió adelante.

A la academia asistieron gran número de chicas cuyas clases alternaban con la confección de ropa principalmente para la gente rica francesa residente en Casablanca. Una de esas familias se la quiso llevar cuando regresaron a París pero no quiso. Pasado el tiempo las cosas se pusieron mal y tuvieron que regresar a España, todos salvo un hermano que se quedó allí.

Su categoría humana era tan grande que quiso siempre ser útil a los demás , así llegó a los 90. Nunca se quejaba de su invalidadse y se esforzaba por ser útil a los demás, seguía haciendo la comida para ella y para una sobrina que estaba trabajando. ¡Que bien cocinaba!, y preparaba vestidos para su sobrina nieta con los trozos de tela e hilos que había guardado de su época de modista.

También acompañaba a Paquita, una vecina que estaba postrada entre la cama y el sofá, y muchos días yo con ella. Todas las tardes, durante años pasaba a casa de Paquita en su silla rudimentaria, un silla normal a la que le habían acoplado unas ruedas, a pesar del esfuerzo que le suponía el traslado. Tantín vivió de esta forma hasta los 96 años y yo tuve la suerte de acompañarla hasta sus últimos momentos.

La valentía y la fuerza de esta ejemplar mujer me han servido y pueden servir a otros para afrontar la vida con energía aun en los momentos mas duros. Me ha servido cuando encontré inesperadamente a mi marido muerto en la cama, pues aparentemente tenía una salud envidiable como decía el médico y podía corroborar todo el que lo conocía. Me sirve ahora, cuando me han diagnosticado una neuralgia de trigémino, que no es mortal pero si tremendamente dolorosa y sin solución efectiva.

Yo, como Tantín, tengo que salir adelante, tengo alegría dentro de la pena y siempre procuro que sea mas la primera que la segunda, me estoy acostumbrando a vivir con el dolor como Tantín con una sola pierna y también me anima el hacer algo bueno por los demás.

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