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Sacando fuerzas de flaqueza

María Gutierrez María Gutierrez

Autor:

María Gutiérrez

Edad:

95 años

Localidad:

Bilbao

María Gutiérrez, caracterizada por su espíritu de lucha, es una señora de 95 años que se ha enfrentado a la guerra seguida de la dura etapa de la posguerra, y vino a un bar de la peña para contarnos sus andadas donde le esperábamos dispuestos a escuchar su historia.

Según nos cuenta, durante la guerra sus padres se separaron por lo que para ella fue una época muy difícil. Además de esto, la guerra trajo consigo un ambiente trágico en el que la muerte y el miedo dominaban las calles. La gente abandonaba sus casas y se escondían en los refugios, en el caso de María en un viejo molino de Zorroza. Unido a esto, la escasez de alimentos y agua también afectaron mucho a María, que se veía obligada a ir en su búsqueda recorriendo largos caminos y  esperando horas y horas de cola para conseguir un miserable trozo de pan.

Dentro de este contexto, María se marchó con su familia a un pueblo de Santander, a Bustablado donde más tarde se quedó sola porque que su familia tuvo que volver a Santander ya que su hermana iba a dar a luz. Durante ese tiempo María pasó mucho miedo porque decían que “los italianos se cargaban a las chicas jóvenes”, nos explica María.

La guerra se acabó mientras María estaba en Bustablado, pero ahora se le presentaban otros problemas, ¿cómo regresaría a Bilbao si estaba sola y no tenía “ni un duro”? ¿una vez en Bilbao, como afrontaría la posguerra? Parecen cuestiones muy difíciles de resolver, pero María tenía fuerza y energía suficiente como para enfrentarse a estos problemas, y así es como lo hizo.

Para su regreso a Bilbao, María pensó que era imprescindible volver con la compañía de unas amigas bilbaínas que había hecho y que estaban en la misma situación. Como no tenían dinero, se colaron en el tren con la esperanza de que no pasara el revisor y se tuvieran que bajar, pero tuvieron suerte y pudieron llegar a su destino tal y como habían previsto.

María estuvo viviendo con sus abuelos en Bilbao y más tarde se casó. Parecía que todo había llegado a su fin y que la calma volvería a poblar las calles de Bilbao, pero la posguerra llegó y María tuvo que luchar más que nunca para salir adelante. Esta vez no estaba sola, contaba con su marido y sus cuatro hijos. Pero desgraciadamente su marido cayó enfermo y tuvo que sacar fuerzas de flaqueza para mantener a su familia. Su marido trabajaba un día si y un día no y según nos dice con lo que ganaba no llegaba para nada. Así que se vio obligada a ponerse a trabajar y compaginar su faceta de madre con su faceta de mujer luchadora y trabajadora con cuatro hijos pequeños a los que cuidar. Hizo de todo, desde vender pan en el estraperlo hasta limpiar casas. Solía acudir a sus compañeras de piso para que les cuidaran a sus hijos mientras iba a trabajar. Ella estaba muy agradecida “ha habido gente muy buena también que me ha echado una mano”.

Así fue como María empezó a ganarse unos dinerillos que le permitían mantener su familia a flote. Y de ahí siguió abriéndose camino encontrando siempre la manera de salir adelante hasta que la vida les empezó a florecer y vinieron tiempos mejores.

En los tiempos que corren, María aconseja a los jóvenes que tengan la ilusión de que esto se acaba, que la vida sigue hacia delante y que llegará un momento en el que todo haya pasado y empiecen tiempos mejores. Y como dice el refrán “Cuando ha llovido ha escampado” y detrás de algo malo se esconde algo mejor, nos explica.

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