Menu

En la colonia de Laguardia

Koldo Sagarduy Koldo Sagarduy

Autor:

Koldo Sagarduy

Edad:

89 años

Localidad:

Bilbao

Cuando era pequeño, al empezar la escuela, primero estuve en las escuelas municipales. Recuerdo que uno de los maestros de allí se llamaba Don Julián, que era muy buena persona y muy buen maestro. Nos daba aritmética, matemáticas y dibujo. Él no nos pegaba, pero había un profesor en tercero que nos daba pellizcos en el costado cuando nos portábamos mal. En esta escuela, antes de empezar las clases, nos hacían cantar el “Cara al sol”, y ¡ay del que no cantaba!...

Cuando estalló la guerra, como éramos 6 hermanos, tuve que ir a la colonia de Laguardia, que pertenecía a las escuelas de Bilbao. De cada escuela seleccionaban a 2 ó 3 para ir, y me seleccionaron a mí…Y desde entonces no he parado de moverme… Aunque allí nos trataban bien, teníamos ansias de volver a casa….¡éramos pequeños y echábamos mucho de menos a los nuestros!.

Me acuerdo de que cuando caía algún pueblo, Don José María, que era algo del Ayuntamiento y el jefe de la colonia, nos hacían desfilar, porque ellos eran del “otro bando”, y teníamos que celebrar aquello. ¡Sobre todo a las chicas las tenía a raya!.

En la colonia todas eran profesoras, que, de lo malo malo, nos trataban bien. Allí nos daban lecciones sobre todo de aritmética y de gramática. Éramos 50 alumnos, 25 chicos y 25 chicas, y estábamos todos numerados. Mi número era el 29, y teníamos que tener todas nuestras pertenencias marcadas con ese número, hasta el cepillo y la pasta de dientes. Allí todos nos llevábamos bien.

Por las mañanas, después de desayunar leche con galletas, empezábamos las clases, que eran sólo por la mañana, y después de comer solíamos jugar a fútbol y a la rana, y hacíamos campeonatos. Recuerdo que nos duchábamos cada tres días, un día los chicos y otro las chicas.

Cuando ya acabó lo de la colonia, para poder volver a Bilbao, como con al guerra no se podía viajar por donde uno quisiera, tuvimos que ir a San Sebastián, y de ahí, en un barco Inglés, pasamos a Las Arenas, y de ahí a casa. Al de poco de volver a Bilbao, mi madre, mis hermanos y yo fuimos a Santander, pero mi padre se tuvo que quedar en Bilbao para cuidar la casa. De Santander tuvimos que ir a Asturias y de ahí, en un barco carbonero, fuimos a Francia, donde estuvimos 4 meses refugiados.

De la época de la guerra recuerdo la cartilla de racionamiento: cien gramos de alubias, un panecillo, azúcar moreno, aceite, patatas…Como con aquello no daba para llenar la tripa, teníamos que comprar de “extraperlo”. Recuerdo que iba a un molino que había al lado del Castillo de Butrón a por harina de borona para hacer talos…¡Pasamos mucha hambre!.

Recuerdo que una vez nos dieron unos zapatos más baratos con la cartilla de racionamiento. ¡En aquella época tener zapatos nuevos era un lujo, porque muchas veces tenías que aguantar con los mismos hasta que el dedo gordo asomase por delante!.

De todo esto aprendí lo importante que es trabajar y a apreciar lo fundamental, que es tener todas las necesidades básicas cubiertas. A los jóvenes de hoy en día les aconsejaría que disfrutasen de todas las cosas buenas del día a día, que las hay, y que estudien y aprendan.

  • Valora este artículo
    (4 votos)

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.

volver arriba

Organiza

SpanishESEuskaraeu-ES