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¿Por qué no comerme al gato?

Luis Perez Galarza Luis Perez Galarza

Autor:

Luis Pérez Galarza

Edad:

83 años

Localidad:

Erandio

Mi madre, Lucía Galarza, fue durante 17 años la primera comadrona titulada y oficial del ayuntamiento de Erandio. Yo era luisito, el hijo de la partera. Mi padre, Sebastian Pérez, fue transportista y luego industrial metalúrgico y mi hermano mayor Ricardo Pérez Galarza fue, por muchos motivos, muy conocido en el municipio. Conservo muy gravado un recuerdo de la guerra a través de dos cruces que están o estuvieron durante muchos años en los morros, malecones o espigones  que aún existen, uno entre Luchana Erandio y Luchana Baracaldo,  otro, entre Aspe y Sestao o Baracaldo.

Estos muelles en su final, terminaban en una gran cruz, son muy pocos o ninguno que yo conozca, los que me ha sabido dar una razón de su existencia, es decir ¿Qué representaban?. Estaban en recuerdo de dos barcos, uno El Cabo Quintres y otro el Cabo Quilates que estuvieron allí atracados para recibir a los presos del bando “Nacional” o de Franco, yo tengo un vago recuerdo de haber visto filas de presos con su maleta esperando su traslado en botes, y también recuerdo haber oído que muchos de ellos fueron fusilados, y  que por las noches sus cadáveres eran trasladados al cementerio de Erandio “Kukularra”, así como de haber oído a mi cuñada Felisa Toledo que su padre y un hermano estuvieron en ellos, a Dios gracias, estos fueron salvos. Poseo una fotografía de los espigones, con los barcos atracados.

Recuerdo haber acompañado a mi madre a entregar las cadenas, anillos, y pendientes, de oro y plata que la familia disponía y recuerdo perfectamente el lugar en que los entregó, y este lugar se encuentra en la misma plaza del pueblo en un edificio que hay a la derecha del ayuntamiento llamado entonces la casa de la bermeana (la bermeana era la madre de los Anasagasti, por cierto, uno de ellos fue el fundador de la cadena de Hoteles Ercilla) en esta casa de arcadas, existía un banco, creo que era una caja de ahorros. Estas joyas fuero requeridas por el gobierno vasco.

Este hecho, me hace recordar que el gobierno vasco de entonces emitió papel moneda, dinero que naturalmente al perder la guerra, el bando vencedor lo anuló de inmediato, motivo por el cual, el pueblo llano se quedó de inmediato, en la más triste miseria, de ahí que las colas de auxilio social (sito en la calle Jado en el colegio de las monjas) se hicieron interminables.

Durante la guerra el hambre no fue tan acentuada como lo fue en los años cuarenta de la posguerra. Durante la guerra no faltaron los garbanzos y el arroz cocinado en lo que fue el colegio de las monjas, las familias necesitadas acudían con cuencos o recipientes para poder comer.  Pero en los años cuarenta, estos y otros milagrosos productos desaparecieron, además, en este tiempo estalla la guerra mundial, o sea que si éramos pocos parió la abuela, el nuevo gobierno tuvo que implantar las cartillas de racionamiento, mediante la confiscación de los alimentos a los productores, con la implantación de “La fiscalía de tasas” de tal manera que a partir de ahí, los precios los fijaba esta entidad y ella recogía los alimentos para redistribuirlos previo reparto entre los ciudadanos de las “cartillas de racionamiento” y aquí, es cuando se produce el fenómeno del “estraperlo” o “mercado negro” y el contrabando. Comíamos las peladuras de naranjas, de las habas, hasta las de las patatas, la leche en polvo, las algarrobas para el ganado, las tortillas de patata se hacían también con polvos en lugar de huevos, el pan que recibíamos de racionamiento consistía en tres piezas uno para cada comida, su tamaño eran dos  como el tamaño de un puño  y otro “el del desayuno” del tamaño de un puñito infantil, y su contenido de procedencia desconocida era negro, el pan blanco lo desconocíamos, cuando veíamos algún trozo de pan blanco lo enseñábamos a nuestros amiguetes con la expresión, “mira plan blanco” y lo compartíamos, recuerdo que mi vecina Ascensión, en lugar de aceite para freír utilizaba ijadas de chicharro, ¡No se podía entrar en aquella casa por el olor!, los chavales robábamos mazorcas de maíz y manzanas entre otras cosas. Yo hice el servicio militar en el año cuarenta y ocho (voluntario) en Tetuán y recuerdo no haber pasado tanta hambre nunca como allí. Un día que el gato de la cantina se colocó en mí regazo y pensé, ¿por qué no comérmelo? Y, pensar y hacerlo fue todo uno, después de esa desagradable experiencia, ya nunca he podido comer conejo, porque su carne es muy parecida.

En aquellos años cuarenta al carecer de gasolina, los vehículos circulaban con gas extraído del carbón de madera, se llamaba Gasógeno, Conservo un librito que trata de esta historia. En Bilbao existían las burrerías eran locales en los que se alquilaban carros con burro y se utilizaban por todo el mundo para trasladar las mercancías, se pagaba por horas de huso, en Erandio existía una burrería detrás del ayuntamiento para que las echecoandres dejaran sus burros el día de mercado.

Terminada la Guerra comencé la escuela pública ya con nueve años, perdí dos años de estudios muy importantes pues debí empezar a los seis que es cuando comenzó la guerra. Posiblemente ésta fuese la causa principal, entre otras, que me impidiese terminar unos estudios posteriormente titulados.
Recuerdo, que nos colocaban en la plaza  frente al ayuntamiento, formados como un ejército y cantábamos el cara al sol antes de entrar, el nombre de los profesores… Don Ambrosio para los párvulos, don Dionisio un profesor riojano y manco de la guerra, y don José Luis, para los alumnos mayores, y se me olvidaba citar, a uno muy importante, a Don Benito Palermo, éste era el encargado de enseñarnos la disciplina, dado que se trataba de la vara con la que nos atizaban los varazos y el número de ellos dependía de la envergadura del desatino que habíamos cometido. Las chicas estudiaban aparte.

Cuando se reabrió el colegio  de los Maristas ingresé allí, El hermano Benjamín daba el curso a los de primero, el hermano Tertuliano a los de segundo, Y Chirrisclas a los de tercero. Tengo un gratísimo recuerdo para el hermano Tertuliano la base de toda mi formación se la debo a él, el confeccionó el globo terráqueo sobre el que basaba todo el estudio de la geografía, nos enviaba a buscar mimbres para construir el armazón del globo mapamundi, para posteriormente recubrirlo de yeso, y sobre la bola, dar forma a los continentes, y todo ayudado por sus alumnos. Ello me ayudó a amar a  la Hispanidad como la civilización más grande que ha existido, por haber descubierto un continente y haber dado un idioma y una religión, y haberlo convertido en provincias de España y no en colonias, las naciones americanas fueron creadas cuando esas provincias se separaron de España.

Teniendo yo veinticinco años emigré, y estuve cinco años recorriendo Sudamérica y recordando a los conquistadores vascos y de toda España que un día salieron hacia lugares ignotos, sin saber si algún día regresarían a su lugar de origen, y todo, por el hermano Tertuliano.

Desde estas vivencias, mi consejo para todos los jóvenes es:  El Señor nos ha dado un cerebro y unas manos para trabajar, al igual que a las aves les ha dado las alas para volar. Debemos lograr que el trabajo que nos haya tocado en suerte nos guste, y no trabajar solamente en aquello que en principio pensamos que nos agrada.

Los contratiempos hay que tomarlos como positivos, dado, que de ellos se aprende, y seguir adelante eludiéndolos pero no parándonos  para no errar, sino para continuar errando y así hasta el final. Cuentan que a Don Miguel de Unamuno le llamaron la atención sobre un error que había cometido, y el contestó, prefiero dar noventa y nueve golpes en la herradura, para dar uno en el clavo, antes de limitarme a no hacer nada  y de esta forma no errar nunca.
Por último, no quisiera terminar este relato sin traer el recuerdo de algún episodio agradable y curioso desde la perspectiva actual, como es el caso del pregonero
En aquellos tiempos el ayuntamiento se comunicaba con la población a través o mediante el bando o pregón. Había un personaje llamado pregonero, que disponía de un tamboril e iba recorriendo el pueblo, en cada lugar que paraba, realizaba un redoble, los ciudadanos salían al balcón, y los que estaban en la calle le rodeaban, y una vez conseguida la audiencia necesaria, leía el impreso que portaba y comenzaba entonando y diciendo: de orden del señor alcalde, queda terminantemente prohibido …., y cuentan que en una ocasión pregonó la prohibición de una canción que se había hecho popular, previo redoble de tambor… “Por orden del señor alcalde queda terminantemente prohibida la canción que dice…!Síguete meneando querida Irene…que… (Al que desee la letra semi completa se puede poner en contacto directo conmigo que se la pasaré) a todo esto el público que le escuchaba, comenzó en coro a entonar con él la canción que se estaba prohibiendo y que por cierto tenía su “chispa”.

Creo muy importante hacer valer en el presente muchas de las vivencias y recuerdos del pasado y quien desee continuar esta labor puede establecer contacto directo conmigo mi correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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