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Escasez, y sin Euskera

Juan Aduri Juan Aduri

Autor:

Juan Aduri

Edad:

82 años

Localidad:

Erandio

Juan nos recibe en la iglesia San Lorenzo de Astrabudua. Su aspecto sencillo encandila. Sus andares son familiares y su sonrisa de bienvenida nos recoge y abriga. Sus ochentaidos años no mellan en su vitalidad. Desprende fuerza y seguridad. Un hombre se experiencias y dramas vividos que aguarda a contarnos su historia.

Remontándonos a una época de tragedias y conflictos armados Juan, nuestro protagonista, recuerda como apenas contando con seis años su madre ponía en sus manos un talo y le indicaba instrucciones para esconderse entre los matorrales del monte. Junto con su hermana, dos años mayor, Juan pasaba horas agazapado viendo pasar  los aviones de legión alemana o italiana. Aún mantiene en su mente el recuerdo de los bombardeos  proyectados  al pueblo de Gernika. Así marcó su niñez los trágicos acontecimientos de la Guerra Civil.

Desde Larrauri un jovencísimo Juan padece también los tiempos de la posguerra. Su escuela en Larrauri desaparece viéndose obligada la familia a enviar a sus retoños a la escuela de Munguía. Desde entonces Juan se ve en la posición de caminar 5 km de ida hasta su nueva escuela y otros  5 de vuelta. Y son las peripecias con su goitibera lo que destaca de sus largas caminatas.

Es un golpe duro para  la familia esta nueva situación. Su aita es obligado por los soldados afines al régimen a limpiar los escombros y desordenes generados por la sangrante guerra. Estos mismos invaden las casas del pueblo haciéndose con posesiones ajenas de forma violenta y despreocupada. Es, este  periodo posterior a la Guerra Civil, una etapa marcada por la escasez. Una orden Ministerial de 14 de mayo de 1939, establece el régimen de racionamiento en España para los productos básicos alimenticios y de primera necesidad. El racionamiento no alcanza a cubrir las necesidades alimenticias básicas de la población. Se aproximan años de hambre y miseria. Así rememora Juan como se les proporcionaba un “chusco”  como sustento por día.

Y mientras, frente a los nuevos impuestos sobre alimentos básicos se inicia la  marcha que se conocerá como el “estraperlo” y que Juan conocedor del mismo anecdotiza. “Era su tía desde Gallarta la que bajo sus ropas traía el azúcar y el aceite a cambio de harina y alubias” Toda una aventura.

De sus tiempos de escuela rememora lo que fue para él un cambio significante; cuando comenzó con sus clases de solfeo en Mungia. Y es que exageraciones a parte se vislumbra en Juan a un apasionado de la música. Qué tan irónica es la vida  que en mente de esta apuntadora emerge la idea de que quizá a razón de la opresión franquista este mundo haya desconocido una eminencia en tales áreas. Una autentica pena a juicio de la nombrada.

Juan invoca numerosos recuerdos de su adolescencia. Nos cuenta el racionamiento tambien desde el lado de los pequeños productores, el estado obligaba a cada caserio a entregar un porcentaje de “fanegas” de lo producido y sin recibir nada a cambio.  Cuenta como su aita en mas de una ocasión se vio en la tesitura de tener que comprar abasto para poder entregar la cantidad estipulada en su caso. Pero esta no es más que una de las tantas medidas imperativas que el franquismo pautaba. El euskera quedo prohibido en habla de forma que cuando su ama iba al mercado tenía que asentir y no mediar palabra alguna ante su desconocimiento del castellano. Y lo mismo ocurría en la escuela, recalca Juan, en todas las escuelas quedaba terminantemente prohibido interactuar en euskera además de hacer constar la obligación de canto y saludo de apoyo al régimen al compás del  “cara al sol” tanto a la entrada como a la salida de esta. 
Son numerosas las históricas anécdotas así como las vivencias curiosas que ha pasado este hombre. Juan ha experimentado peripecias y es aún el día que recuerda con detalle muchas de ellas. Algunas le indignan mientras otras le hacen sonreír. Sobre todo hace mención a sus nietos quienes, como él reitera, no le creen las “batallitas” por exageradas que les parecen.

Cuando concluye la entrevista Juan introduce una comparativa de su pasada situación con la crisis actual. Quizá no se vislumbran un régimen opresivo, ni la pobreza  ni el deterioro inundan las calles pero al igual que entonces la mentalidad debe ser positiva, ya no podemos ir a peor así que aspiremos juntos a una llegada del mañana más beneficioso para todos.

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