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Con la sospecha de un hijo robado

Con la sospecha de un hijo robado Con la sospecha de un hijo robado

Autor:

Esther Rey

Edad:

 72 años

Localidad:

Erandio

Esther Rey es un claro ejemplo de mujer luchadora que ha demostrado estar a la altura de lo que la vida le ha deparado. La insistencia y la fuerza interior son su filosofía y la valentía su escudo más eficaz. Esther solo tenía tres años y medio cuando su madre falleció y once eran los hijos que se quedaron al cargo de su padre. Asimismo, este ya contaba con el cuidado de un hijo que tuvo anteriormente en su primer matrimonio y que más tarde lo cuidaría su familia.

Esther era de las más pequeñas de los hermanos y según nos cuenta, no recuerda a su madre. Pero tal y como le han explicado, su madre contrajo el tétano al cortarse con el filo de una cuchilla que utilizaban para esquilar a las ovejas que tenían en la familia, y la falta de recursos y la distancia que les separaba de la ciudad burgalesa impidieron ponerle un remedio a la enfermedad provocando, finalmente, su muerte.
Así que los once hermanos tuvieron que cuidarse los unos a los otros siendo los mayores los que adquirían una mayor responsabilidad. Tenían que trabajar todos en el campo, cuidando el ganado y trillando que era la tarea de la que Esther se encargaba. Asegura que con seis años tenía que traer el agua de la fuente y la enviaban con un botijo más grande que ella a por agua. Además de esto, Esther y sus hermanos también tenían que acudir al colegio, por lo que compaginaban los estudios con las tareas del campo. Y así fueron viviendo y sacando las castañas del fuego día a día.

Con catorce años abandonó la vida que conocía y dejó la escuela para marcharse a la cuidad. Apenas tenía quince años cuando marchó a Madrid. Estuvo dos años estudiando en un convento de monjas donde había una residencia de ancianos a los que también ayudaba, y como nos señala fue una relación de intercambio “lo comido por lo servido”. Limpiaba habitaciones, hacia la cocina, etc. Pero tales tareas no eran de su agrado, por lo que con diecisiete años salió de allí y se vino para Bilbao. Estuvo tres meses en una casa cuyos dueños eran conocidos de una de sus hermanas. No obstante, no se sentía muy a gusto y se fue a la clínica Gimon donde estuvo desde los dieciocho hasta los veintitrés. Allí no ganaba mucho dinero así que se vio obligada a trabajar en un restaurante que había en las siete calles, el restaurante “Urkia” donde estuvo trabajando desde los veintitrés hasta los veintinueve años, edad con la cual contrajo matrimonio con su marido.

Más tarde ambos se fueron a Logroño donde Esther dio a luz. Y este suceso le marcaría para siempre ya que las cosas no fueron como ella había esperado. La metieron en una habitación aislada del resto de la gente durante seis horas y el médico le dijo que le tenían que practicar la cesárea. Para ello la durmieron y por consiguiente no se enteró de nada. Pero al despertar apareció en otra habitación con una señora y poco después entro su marido para darle la horrible noticia, el niño había muerto. Ante la tristeza que tenía el médico le dijo que no se preocupara porque podía tener más, intentando quitarle importancia al hecho.
Todo aquello era un poco raro ya que no le dieron explicaciones de por qué tenían que hacerle la cesárea teniendo un buen parto como estaba teniendo. Asimismo, ni su marido ni la suegra habían visto al niño en ningún momento después de nacer. Lo único de lo que la familia fue informada fue del estado del niño al nacer, que según los médicos había nacido muy blanco y que poco después fue ahogado con su propio cordón umbilical lo que provocó su muerte.

Al de poco tiempo de dar a luz, Esther y su marido se vinieron a Bilbao. Ella intentaba sacar fuerzas de algún lado para poder seguir adelante después del inesperado suceso, pero los acontecimientos que sucederían más tarde no fueron de gran ayuda. Su marido empezó a ir a los bares donde conoció a una chica con la que se juntó y con la que todavía permanece. La abandonó y de esto tan solo han pasado cinco años.

Tras el desagradable pasaje del parto Esther no fue capaz de tener más hijos debido a la angustia y mal rato que le hicieron pasar.Estuve tan mal que tarde tres años y pico en  caer en estado y luego tuve un aborto de tres meses y medio. Más tarde se me retiró la regla y no pude tener más” nos cuenta. Tal y como nos dice siempre tuvo la ilusión de tener un hijo pero con la cabeza bien alta y con algo de esperanza añade “se que el destino me deparará algo mejor”.

Pero esto no es todo, sino que después de treinta y tres años se enteró de lo que había pasado con aquel niño. Se empezó a escuchar el tema de los niños robados y Esther empezó a pensar que su caso podía haber sido uno similar y que podía tratarse de otro de los muchos casos de niños robados que se dieron en aquella época e incluso en aquel mismo hospital. De echo son cinco los casos de niños robados que se dieron allí.
Ya son cuatro años los que lleva investigando este asunto y no encuentran respuestas. Ha recogido 500,000 firmas, junto a otras personas en situación similar, para que se abran todos estos casos y cuenta con algunas pruebas. Los informes del hospital parecen una evidencia ya que la información contenida en estos no concuerda al variar la hora de la muerte del niño de un informe a otro. También saben que el niño no figura como enterrado en ningún sitio.

Esther está poniendo todo de su parte para intentar ponerle fin a este asunto colaborando en todo aquello que se le dice. De echo forma parte de una asociación cuyo objetivo principal consiste en denunciar este tipo de casos. Ahora solo falta que los abogados pongan un poco de entusiasmo porque según nos cuenta, no están haciendo nada.

¿Pero cómo pueden llegar a esto? Ya está bien, vaya vergüenza. El caso es que no se sabe nada y no se sabe cómo avanzar, no hay dinero para investigarlo ¿y hasta cuando vivir con esta incógnita, esta incertidumbre? ¿sabe que pasa? que como afecta a gente de arriba nadie quiere mover nada…si hubiéramos sido gente del pueblo ya estaríamos en la cárcel”.

Con los tiempos que corren, Esther aconseja que la clave está en ser fuerte y sobre todo valientes. Hay acontecimientos en la vida que te sucederán de manera injusta y es en ese momento cuando tienes que levantar bien alta la cabeza e intentar pasar el problema por encima. Asegura que la valentía es fundamental ya que no sabemos que nos deparará el futuro y debemos estar preparados para todo. “Valentía y determinación, esa es la clave”.

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