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La energía que llevamos dentro

María Luisa Fernández María Luisa Fernández

Autor:

María Luisa Fernández

Edad:

 81 años

Localidad:

Sestao

A María Luisa le abandonó su marido cuando tenía cuarentaytantos años y sus dos hijas estaban estudiando. Siendo el único sostén de la familia, para salir adelante trabajaba en todo lo que podía: vendía libros, cuidaba niños, puso una panadería… todo era poco para ayudar a los suyos, lo que incluía también a sus padres jubilados, “de los de antes que cobraban una miseria”.

En esta “pelea” con la vida, un par de años más tarde, le ocurrió lo que relata como uno de los problemas más graves que ha tenido que afrontar, un accidente de coche que se saldó con un rosario de desdichas: el coche en siniestro total, un tiempo en coma que todavía no sabe ni le interesa concretar, una estancia de 6 meses en el hospital con graves lesiones y la perspectiva de quedar en una silla de ruedas.

Es muy difícil imaginarse lo que María Luisa pensaba y sentía en esos momentos, porque cuando habla de ello no abunda en ese tipo de detalles. Se ve claramente su carácter enérgico y positivista, calificando la situación con un conciso “fue muy penoso” o “muy difícil” cargado de significado. Un significado tan negro como puede ser el verse literalmente roto y con un futuro incierto, con la preocupación extra por las personas que dependen de ti, ya que en ese momento su hija mayor estaba casada y viviendo fuera de Bizkaia y la pequeña estudiaba y vivía con ella.

Lo que si nos dice es que ella decidió luchar con fuerza en todos los frentes que se le presentaron. En ese momento era tan importante su propia recuperación como el sustento económico, ya que era autónoma y no contaba con ninguna prestación.le ocurrió lo que relata como uno de los problemas más graves que ha tenido que afrontar, un accidente de coche La ayuda desinteresada de amigos y familia para acoger a su hija y procurarle el dinero que necesitara durante ese tiempo le permitió concentrase en curarse y en garantizar que volvería a caminar –bendito regalo que ve imposible agradecer lo suficiente, nos dice-. Y en ello puso todo sus fuerzas, una vez convencida de que no podía dejarse y tenía que recuperar su vida anterior.

A los siguientes que tuvo que convencer fue a los propios médicos, que le recomendaban el uso de una silla de ruedas mientras se iba reponiendo. Mª Luisa afirma que sabía que si la empezaba a utilizar en cierto modo iba a acomodarse e iba a atrasar el proceso, por eso se negó en rotundo explicando sus razones. A partir de ese momento empezó un recorrido de mucho tiempo, mucho dolor, mucho trabajo y mucho esfuerzo para salir adelante, primero para andar y luego para normalizar su actividad. Ella lo resume en 3 años en los que iba seis días a la semana a rehabilitación para componer lo que el accidente había descompuesto.

Y así fue llegando a su meta, a recuperar las riendas de su vida, volver a ocuparse de su familia, volver a su trabajo en la panadería, a sus trabajos complementarios para llegar a fin de mes.. pero no simplemente a eso. Tenía claro que quería otro futuro laboral, otras inquietudes, y por ello se matriculó en Barcelona a un curso para ser masajista. Un curso que compaginaba con su trabajo en la panadería, una vez bajaba la persiana para estudiar diariamente y los fines de semana para asistir a clase y a los exámenes.

Y así volvió a cambiar su vida y seguiría trabajando para alcanzar algunas de sus principales aspiraciones…

Cuando le preguntamos cuál había sido la principal enseñanza qué había sacado de aquella situación crítica no duda: para ella la enseñanza es saber que la energía y la determinación de una persona lo pueden todo. Según María Luisa todos llevamos dentro una gran cantidad de energía que tenemos que buscar y activar para que sea el motor de cambio. Eso es lo que nos mantiene en los tiempos difíciles y lo que nos ayuda a superarlos. Sin ello es como si estuviéramos muertos, como un cascarón a merced de una gran tormenta… lo dice con todo el convencimiento de quien así lo ha vivido.

Y su consejo para los jóvenes actuales también es rotundo: hay que estudiar y formarse todo lo que se pueda para abrirse el máximo de puertas y explotar todas las posibilidades de uno mismo. hay que estudiar y formarse todo lo que se pueda para abrirse el máximo de puertasNo es fácil pero no hay que desfallecer, nos dice. Es lo que siempre ha dicho a sus hijas, que aprovechen todo lo que puedan la formación, y es lo que siempre han hecho. Quizá el ser consciente de todos los esfuerzos que se hace en casa para pagar los estudios ayuda a tomárselo muy en serio.. o porque se ha visto en casa el ejemplo de una madre que no ha parado de formarse ni siendo octogenaria…

Para María Luisa la receta para ello no es otra que esfuerzo, trabajo y esa energía que nos hace de combustible imprescindible para la vida. Y en materia de este combustible, Maria Luisa es como un auténtico pozo petrolífero, que a sus 81 años, para cumplir este año los 82, sigue en plena explotación de recursos.

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