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Comprando camisas a plazos

Ana Mº Vivanco Ana Mº Vivanco

Autor:

Ana María Vivanco

Edad:

75 años

Localidad:

Trapagaran

Yo no he pasado necesidad pero la he conocido y he convivido con ella. Siempre he trabajado y cuando empecé era la época en que venía mucha gente de fuera, de Extremadura, de León, de Castilla, de Galicia, porque  Sestao tenía mucha industria, y había trabajo para todo el mundo: en los Altos Hornos, en la Naval, en la Valco Wilcox, pero llegaban sin casa y sin nada y al principio les costaba mucho.

Muchas veces venia el hombre solo y tenía que estar con patrona, le alquilaba una habitación y la patrona le atendía lo básico. Cuando ya estaba asentado traía a la familia y entonces ya iban a una casa compartida, o sea, tenia una habitación con derecho a cocina, y en esa habitación se tenían que arreglar todos.

Nací en el 37. Éramos 4 hermanos; vivíamos en el campo, en Trucíos, y salíamos adelante con las cosas del campo: la huerta, los animales…etc. Cuando murió mi padre se quedó mi madre sola con 4 niños y nos vinimos a Sestao con mis dos tías solteras y mi abuelo, que nos recogieron en su casa. Vivían en el Patronato porque mi abuelo era el conserje y el sacristán de la parroquia y tenia una vivienda para el conserje que es la que ocupábamos. Entonces tenía 12 años.

Mis tías eran muy organizadas, nos tenían a raya pero muy bien, se implicaron casi más que mi madre en nuestra educación, nos decían que teníamos 3 madres. A los 14 años ya comencé a trabajar en una mercería y la forma de vender era a plazos. La mayoría compraban así; había algunos del pueblo que tenían dinero y compraban al contado pero eran los menos. Sobre todo, los que venían de fuera tenían que salir así adelante. Cada 10 o 15 días, cuando cobraban, pasaban por la tienda a pagar o iba un cobrador a sus casas.
Pagaban a plazos pero pagaban siempre; y cuando terminaban de abonar una cosa pues compraban otra.

Me acuerdo de una señora que se llamaba María “La Gallega” que conocía a todos y les daba un vale para el comercio donde yo estaba, indicando lo que podían gastar. Cuando venía la clienta no te enseñaba el vale porque igual se imaginaba que le ibas a cobrar mas, pero cuando empezaba a pedir cosas ya te lo imaginabas pues claro, de que iba a ir  una señora que no conoces de nada a comprar un montón de cosas y dejarlas a deber. Le preguntabas “¿Tiene usted vale?”. Y te decía “¿Y como lo sabe?”. “No lo sé pero me lo he imaginado, ¡como no la conozco de nada!”. Y te decía “Si, es de 1.000 pesetas”. Pero claro, si te descuidabas se llevaba por valor de 2.000 y yo solo podía venderle hasta 1.000, que era el crédito que le daba la señora María. “¡Esto lo necesito¡”, “!Y esto también¡”. Y no sabía que quitar, porque ya había pasado del tope.

Los vales los daban los cobradores que iban por todo, por Ortuella, Somorrostro, Baracaldo…Les vendían a una y ésta abogaba por otra: “Dale crédito porque también lo necesita y es muy buena persona, seguro que te pagará”, o a un familiar… y así funcionaba, sobre la confianza. Había un cobrador muy gracioso que decía: “Me sacan todas las tarjetas y empieza a buscar cuál es la mía”, o sea que estaba pagando a plazos en todas las tiendas.

Lo bueno es que entonces había trabajo y trabajábamos todos. Yo  empecé a los 14 años, mi hermano mayor a los 18 en la Valco y otro hermano que estudiaba para sacerdote daba clases a niños y cuidaba a un ciego de Algorta, mi madre trabajaba de intendencia, cosiendo montones enormes de ropa, y mis tías, una en la General y la otra en el Patronato, y así salimos adelante. Mi primer sueldo fue de 150 pesetas y le compre a mi hermano una gabardina, que por cierto también la pagué a plazos; estuve unas cuantas semanas sin cobrar. Me acuerdo que iba él mas chulo presumiendo de gabardina…De ese sueldo me fueron subiendo y llegué a cobrar hasta las 2000 pesetas, y cuando fui a Bilbao me fueron también subiendo y llegue a cobrar hasta 4.000 pesetas, todo un dineral para mi. Entonces la vida ya se ponía bien.

El consejo que daría a la juventud y a la gente que está pasando por malos momentos económicos es que busquen trabajo, si no hay. Hay que buscarlo en lo que sea, aunque no nos guste, porque es la única forma de salir adelante. Hoy en día muchos no quieren ni oír hablar de algunos tipos de trabajos y antes se trabajaba en cualquier cosa, en lo que se podía, recogiendo chatarra, cartones, y agudizando la imaginación, hay mil maneras: el otro día en la tele vi que unos trabajaban sacando a pasear a los perros de familias que no podían hacerlo.

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1 comentario

  • Nerea

    Nerea

    Enlace al Comentario Sábado, 11 Mayo 2013 20:09

    Tía somos tus sobrinos de Madrid y tu hermana Pilar! Nos ha encantado. Mamá se ha puesto muy contenta al recordar todos los acontecimientos de vuestra infancia.Eres toda una escritora! Qué bonito tía!!! Te queremos.

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